A terapia intensiva

September 23, 2013

Apenas de regreso a Buenos Aires y con trofeo en mano, decidí anotarme para el Gran Premio Argentino Histórico y por supuesto, Horacio Moyano me había asegurado que haría dupla conmigo-garantía de una buena actuación si los fierros aguantaban.

Pero en Argentina eran los días de la declinación de la gestión del Presidente De La Rúa y el país se hallaba sumido en una catástrofe tanto en lo político como en lo social. Era la temida época de los saqueos en el cinturón del conurbano Bonaerense y por aquel entonces nosotros vivíamos en la localidad de Tigre, en la Provincia de Buenos Aires.

Todas las noches mirábamos los noticieros y no lo podíamos creer. Con total impunidad, el vandalismo organizado rompía vidrieras de los pobres comerciantes y literalmente los vaciaban.

Nuestros hijos, de seis y ocho años de edad, nos preguntaban:”pero si tienen hambre, porque en lugar de comida se llevan televisores y lavaplatos?.

El punto de inflexión fue el terror de mis hijos por salir a la calle y la circular que habían repartido entre todos los propietarios del barrio donde vivíamos:”Plan de evacuación de emergencia en caso de saqueo”.

En ese momento, habíamos tomado con Mariana y los chicos una de las decisiones más importantes y tristes de nuestras vidas, la cual jamás pensamos que algún día llegaría: irnos del país.

Al día siguiente, compartiendo el habitual cappuccino a la italiana en la confitería Módena con mi admirado amigo Rafael Sierra, le comento apesadumbrado acerca de la trascendente decisión familiar.

-Y con el Alfa que pensas hacer? Me pregunta Rafa. “Me lo llevo puesto!!”le comente.

Allí Rafa me confesó que estuvo revisando en detalle el auto con Petrucci, y que no podía llevármelo en las condiciones en que se encontraba.”Mira Sergio, te va a dejar tirado” y muy poca gente debe conocer este auto, te va a convenir hacerle una restauración completa”.

En ese momento, me entere entre otras cosas, que las puertas estaban podridas en su parte media inferior, que el auto estaba completamente fuera de escuadra y que el block de aluminio del motor estaba completamente picado y que en ese estado no duraría mucho más.

El consejo de Sierra fue sabio (como siempre en el): “Ya que te vas el mes próximo, déjamelo que te lo vamos a hacer todo a nuevo con Petrucci, y cuando esté terminado te lo mandamos”.

Para mí, la palabra de Rafa era como la sentencia a una cirugía mayor de un medico ante un

 paciente en gravísimo estado:”lo que vos digas, Rafa”.

Esa misma semana el auto ya estaba en la “Unidad Coronaria” de Julio Petrucci y la operación dio comienzo casi en forma inmediata. Hasta que me fui a vivir afuera  del país, por lo menos dos veces por semana nos encontrábamos con Sierra y Petrucci para estudiar al paciente. Recuerdo que en una oportunidad ninguno de los dos se animaba a decirme el siguiente paso, hasta que tomaron coraje “vamos a tener que cortar todos los parantes y sacar el techo, caso contrario va a ser imposible encuadrarlo como corresponde”. Yo ya estaba entregado.

Un par de días después me llamo Petrucci para mostrarme el block, el cual estaba en un estado lamentable y con el dedo, Julito lo podía hundir!.

En otra oportunidad, me mostro las puertas podridas, las cuales ya habían sido reparadas con anterioridad –vaya uno a saber donde-, pero en una forma lamentable.

Después de escuchar la gravedad del cuadro, cuando Petrucci me comentó que el piso estaba oxidado en varios lugares y que un reemplazo de secciones era imprescindible, esto ya me parecía un detalle menor…

 

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